Su vida * Entrevista con la autora * Su lugar en la red
Quienes les han visto les describen con una cabeza redondeada, más bien plana y una larga cola que se agita furiosa como en una danza frenética. Pese a su aspecto más bien ridículo, parecen muy agresivos. Se cuentan por cientos de miles de millares, entre sesenta y quinientos millones. Está claro que ninguna escuadra pudo juntar jamás tantos guerreros, ni combate naval reunió nunca tanta multitud… En la oscura cavidad, el ataque de los invasores aún no ha comenzado pero lo preludia el movimiento de tropas. Avanzan atropelladamente en las tinieblas. Intentan ganar otro medio acuoso menos ácido que éste tan insalubre, en el que pocos son capaces de resistir. Los que aún sobreviven tratan, enfebrecidos, de remontar hacia otras regiones más abrigadas y estrecho arriba buscan espacios menos perniciosos que les permitan dejarse arrastrar por la corriente. A medida que pasan las horas el número de bajas aumenta. Cada vez son menos los supervivientes. Con gran esfuerzo han tenido que abrirse paso, apartando cadáveres con el horror de correr la misma suerte que la mayoría de sus compañeros. Los más fieros esperan, emboscados, sin dejar de mover el largo flagelo que los distingue, preparados para la embestida final. Ignoran que, cuando llegue el momento, sólo uno entre tantos millones conseguirá la presa codiciada. Sólo uno penetrará en la cueva del tesoro. Deberá tirarse de cabeza para entrar y en ese instante perderá para siempre la larga cola que tan útil le fue para el camino, pero a cambio, habrá conseguido su Dorado particular.
Lo que entonces empieza se llama vida y todos esos antecedentes, en las cavidades uterinas, quizá anticipan muchas cosas de las que vendrán después y que te esperan cuando salgas convertido de espermatozoide en ser humano: competitividad, agresividad, riesgo, aunque no te gusten ni me gusten a mí.
Fragmento de Tiempo de Espera, Diario de Embarazo (1998)
